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Anillos de diamante, las joyas más preciadas |
Los anillos de diamante son una de las piezas de joyería más preciadas en el mundo entero. De hecho, el diamante es la piedra más preciada en el mundo entero, por eso la joya que contenga esta piedra, se convertirá en una de las más valoradas internacionalmente. Las primeras civilizaciones en conocer esta valiosa piedra fueron las civilizaciones de oriente. La India fue su primer productor y es el mayor productor en la historia de esta gema. Este país brindó al mundo los más bellos diamantes. El nombre de esta gema proviene del griego adamas o adamantem que significaba el invencible. También se ha utilizado esta piedra para simbolizar el infinito por su dureza, lo que le confiere durabilidad y perdurabilidad en el tiempo. Antiguamente, el diamante era considerado como símbolo de poderes extraños. Después de varios siglos, el diamante llegó al viejo mundo en el siglo tercero después de Cristo. Se cree que su llegada a Europa puede deberse a los viajes realizados por Alejandro Magno que trajeron como consecuencia un intercambio entre los puertos de India y el Mar Rojo. Las regiones que poseen abundancia de esta gema tan preciada y utilizada en joyería para anillos de diamante son India, Brasil, Venezuela y Sudáfrica. Aunque las características del suelo de cada lugar son diferentes en cada país. En India los diamantes son encontrados en tierras areniscas y antiguas. También en las masas de los ríos. En Brasil, se encuentran en depósitos sueltos de aluviones y, muchas veces, en la arena de los ríos. En Sudáfrica las condiciones de los suelos son distintas. Los diamantes son encontrados en la arena de los ríos y en unas depresiones del suelo que son crateriformes. Estas depresiones están cubiertas por una tierra de color amarillento en la superficie y, en su profundidad de color gris azulado. El inicio del proceso de fabricación de un anillo de diamantes comienza con la extracción del mismo. La extracción de diamantes se realiza de modo diferente de acuerdo con la región en donde el mismo se explote. Esta operación se divide en tres partes: eliminación de la tierra y la piedra estéril, luego extracción del diamante y, finalmente, el lavado de la pieza. Los diamantes cautivan por sus destellos. Este fenómeno se produce por la capacidad de refracción de la luz que posee la gema. Cuando un rayo de luz penetra la pieza, se producen innumerables refracciones internas que hacen que la luz blanca se disperse y regrese al exterior convertida en un gran abanico de colores, en forma de arco iris. Características de los anillos de diamanteEl grado de belleza que posee la piedra de un anillo de diamante depende del tallado y del pulido que el joyero le brinde a la pieza. Los diamantes, como ya se ha dicho, poseen destellos naturales que hacen que esta pieza luzca asombrosamente mágica. Pero, con un experto trabajo de tallado y pulido, los destellos de la pieza pueden ser multiplicados y mejorados logrando que el anillo de brillantes sea realmente asombroso. Por la dureza extrema de este material, el diamante sólo puede ser tallado y pulido con otra pieza de diamante. Cabe destacar que no todos los diamantes pueden ser utilizados para realizar anillos de diamantes ni tampoco todos los diamantes pueden ser utilizados en joyería. Cualquier defecto físico puede quitarles valor a las piezas de diamante.
Los anillos de diamante cuya pieza esta tallada en forma de esmeralda, son unos de los modelos que resultan más elegantes y atractivos pero, resultan ser uno de los modelos que presentan menos brillos y destellos. Si elige este modelo porque la talla presenta un modelo más cuadrado, tal vez sería más conveniente elegir un diamante con talla princesa o quadrillion que, si bien sigue la figura geométrica cuadrada, poseen más facetas y, por lo tanto, más brillo. La limpieza de un anillo de diamantes debe realizarse de manera regular para asegurar la calidad de la pieza. La forma más práctica de realizar la limpieza de un anillo de diamantes es utilizando un detergente suave con agua caliente. En esa solución se coloca la pieza y, con un cepillo de dientes con cerdas suaves, se frotará la superficie de la pieza (no dude en hacerlo ya que la superficie del diamante no se raya gracias a la dureza que posee la pieza). Luego, enjuague la pieza con agua y secar con un trapo que no deje pelusa y cuya superficie sea suave. |